Me hubiera gustado contar algo sincero, pero no tenía nada que contar.

No sabría cuándo empezó todo, quizás con la primera y precoz experiencia sexual.

Con diez años éramos niños tocándose la cola, sin embargo recuerdo la sensación de triunfo, una pequeña victoria para el ego, incluso una victoria social, el haberlo hecho, el conocer y experimentar eso que para la mayoría aún quedaba una larga espera de varios años.

Probablemente fue eso lo que me volvió una persona tan sexual, o quizás siempre ha estado ahí. El caso es que conforme continúe creciendo nunca supe rechazar una experiencia sexual, o incluso un acercamiento remoto. Desde las primeras parejas, la infidelidad era algo casi legítimo e inevitable, como me podía negar a experimentar con otro cuerpo, con otra historia. Simplemente no podía. Como los efectos secundarios de un medicamento, las consecuencias eran predecibles hasta el punto de saber el precio que pagaba por lo que iba a hacer, . Al ser infiel me sentía traicionado a mis parejas y la conexión que nos mantenía unidos se rompía y carecía de sentido. El amor romántico que llenaba las libretas en los cajones de mi habitación era a la vez una tortura. Eso hizo que me costara mucho conectar con alguien de esa manera, y lo que es peor, que me odiara de manera constante por hacer daño a quien quería y por romper algunos de mis propios ideales. Una parte de mi simplemente no estaba dispuesta a renunciar a ello y la otra me provocaba un gran odio hacia mi mismo. Como con otras drogas el sexo me aportaba una satisfacción inmediata a cambio de un coste anímico para el futuro.

Llegó un punto de mi vida en el que llegue a mantener relaciones con chicas que no me atraían, un sexo vacío que no llegaba a comprender del todo, pero mientras he ido creciendo he tenido más conciencia de mi mismo y el sexo ha ido cambiando.

Cuando llegué a Madrid, Empecé a encontrarme más a menudo con personas a las que el sexo no les implicaba un compromiso a largo plazo, todo puede ser más sencillo, más efímero. Se puede amar durante una noche, y no solo digo follar, que también. Puedo enamorarme una noche y que no me apetezca hablar mañana y no creo que eso le haga perder valor. La situación, las experiencias, el contacto con alguien a un nivel más instintivo y personal, la confianza de una habitación oscura con el aire espesado, el olor a sexo, joder me encanta el puto olor a sexo. Sexo que para mi es sucio, oscuro y es precioso tal como es. No pretendo disimularlo, no pretendo ocultarlo, me ha costado mucho entender como lo quiero y como lo disfruto para tratar de ensalzarlo como si fuera una jodida batalla épica, no. No se si mis fotos cuentan algo, pero si lo pretenden hablan de una experiencia en primera persona cruda y descarnada, de crecimiento personal, de aceptar las partes que me componen y la importancia que estas tienen en mi. Cada una de las experiencias que se muestran sumadas soy yo.

alejandroamoros1

Alejandor Amorós Linares

amoroslinares@gmail.com

661 92 30 04

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Alejandro Amorós

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